La política en México no ha dejado de ser una historia de conveniencias

No me gusta la política, nunca me ha gustado; pero una parte de mí escogió ser periodista, situación que ha resultado caótica cuando se trata de las opiniones personales y de sobre todas las circunstancias mantener la ética y ser imparcial.

Tal vez, este caos mental es el que me llevo a escribir de manera personal este blog que no tiene ningún tipo de línea editorial. Nunca he tenido preferencia por algún partido político, recuerdo de mi infancia que todos los presidentes de México venían del mismo partido y que aquello cambio hasta que cursaba el último año de secundaria, cuando todo el país proclamaba una libertad y democracia que se resumía casi en la abdicación de un trono monárquico. Hasta que en recientes fechas, como dicen por ahí “se les cayó el teatrito” cuando Fox descaradamente se pasó del lado de EPN.

Desde que adquirí mi derecho para votar lo he hecho, también puedo presumir de haber sido –aregañadientes– funcionaria de casilla y puedo escribir este texto debido a que también me he inmiscuido indirectamente en dos partidos políticos (PAN y PRI) que ciertamente nada bueno han hecho; nunca he votado fijándome en las ideologías políticas de los partidos, sino tratando de encontrar simpatía e inteligencia – o cocowash– en los candidatos, he tratado de ver más allá de la figura pública, pero muchas veces ha resultado ser un proceso abstracto.

Me viene a la mente la frase de mi madre “¿quién sabe más, tú que eres pequeña o yo que soy grande?” es cierto, cuando uno crece adquiere experiencia y conocimiento, he resumido que a esta edad ya no me pueden engañar, ni mucho menos a ustedes. También me he dado cuenta que como país somos cobardes por no organizar un levantamiento en contra de todo lo corrupto que existe; también he notado que la violencia no es el camino para cambiar el rumbo de un país, pero recordemos que la unión hace la fuerza.

Me conmueve en el alma ver la forma en que se mueve México, me refiero a su sistema de conveniencias; porque para qué vamos a tapar el sol con un dedo, todos sabemos, tenemos la incertidumbre y el escepticismo de la veracidad, imparcialidad y neutralidad de la forma en que se llevan a cabo las elecciones y más aun de los resultados que nos ofrecen. De igual forma sabemos de personas que han llegado a escalar a altos puestos debido a que son amigos de alguien más. Desgraciadamente así funciona México, es una triste historia de mediocridad en la que los más allegados en las altas esferas de poder –de cualquier sector– siempre son acreedores de favoritismos que sin más se heredan por generaciones.

Hasta este punto de la lectura, deben estar pensando que no me ha tocado una rebanada del pastel y que por eso es que escribo esto; pues bien, las opciones son abiertas, el hambre es canija –dicen– hasta el momento no me ha tocado recibir un favor mágico, ni tampoco lo he solicitado; sin embargo, como en todos lados, existen buenas y malas personas, buenas y malas opciones; siempre es nuestra responsabilidad escoger el camino que más nos convenga.

La política en México resulta cómica, en cualquiera de sus tres niveles; pues repetidamente el peor candidato es quien resulta ganador (por ejemplo Peña Nieto) y esta vez en el histórico pueblo donde vivo #Zacapoaxtla no ha sido la excepción, pero sin duda alguna, lo peor de esta situación es que el período para alcalde sea de 4 años 8 meses –un martirio– que espero encarecidamente no resulte caótico.

Hoy el alto porcentanje de abstencionismo que se vivió en la Jornada Electoral del pasado 7 de julio en #Zacapoaxtla habla sin lugar a dudas del hartazgo de la ciudadanía y la apatía hacía partidos políticos y candidatos.

Las prácticas de presión  –opresión– que aplican los políticos en México para mantener a la clase baja ­­–las masas­– a raya y siempre fiel al voto por conveniencia siguen vigentes, nadie se ha olvidado de la compra de votos ni de las despensas que les dan a los más necesitados, pero siempre condicionando su voto; en el peor de los casos se les amenaza con armas.

Sedientos de poder y avariciosos, así son los políticos de México que han olvidado su vocación –si es que en algún momento la tuvieron– de ser funcionarios públicos para servir a los ciudadanos.


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